Editoriales

Tierra para Vivir N° 1

EDITORIAL


Del 2005 en adelante tanto en Capital Federal como en el Conurbano Bonaerense se hizo nuevamente visible la problemática de la tierra y de la vivienda a través de numerosas toma de tierras y edificios, hechos que cobran importancia en los medios de comunicación sólo cuando llegan los violentos desalojos a miles de familias. Estos acontecimientos hablan de la continuación de un proceso histórico que tomó relevancia en 1980, donde se dieron numerosas tomas de tierras organizadas de forma colectiva, que intentaban dar una respuesta a la grave situación habitacional.


Desde fin del 2006 hasta marzo del 2007 tuvimos en el Conurbano Bonaerense y en la Capital Federal más de 30 tomas de tierras y edificios que involucraron alrededor de 10 mil familias. Resulta ser que los alquileres, los créditos, los materiales de la construcción y los precios de los terrenos aumentaron el doble que el salario obrero, esto es aún más difícil de pagar para los trabajadores en negro y los desocupados. Hay miles de familias que están viviendo en una situación de hacinamiento, muchas otras viven en la calle o no llegan a pagar el alquiler y los servicios. Está claro que la clase trabajadora vive en “emergencia habitacional”. Hemos salido a luchar para resolver esta grave situación.


Un nuevo ciclo de lucha por la tierra y la vivienda se ha iniciado. Esta es la tercera oleada  desde la “época democrática”. Cuando estaba por caer la dictadura miles de familias apoyadas por los organismos de derechos humanos, partidos de izquierda y las Comunidades Eclesiales de Base iniciaron las tomas en San Francisco Solano, Quilmes. Luego, se extendieron a Florencio Varela, Almirante Brown y La Matanza. Por medio de la lucha se pudo conseguir tierras para vivir, a pesar de haber sido cercados y reprimidos, algunos de los niños perdieron la vida, y tuvimos nuestro primer mártir en el año 1988 Agustín Ramírez.


Los problemas habitacionales y la lucha por la vivienda tienen largos antecedentes en el país: en 1907 se produce la “huelga de inquilinos”, que durante 60 días, casi 100 mil personas que vivían en inquilinatos dejaron de pagar el alquiler ante el gran aumento. Durante la huelga no faltó la represión policial dejando como saldo presos y deportados hacia el exterior del país.


En la década del 1940 se empiezan a conformar las llamadas “villas miserias” con inmigrantes del interior y países limítrofes. Las mismas no fueron reprimidas porque sus pobladores eran necesarios para la naciente industria. A fines de 1960 con la dictadura de Onganía continúa el crecimiento de las “villas”, pero esta vez comienzan a ser reprimidas por el gobierno.


Por otro lado, durante la dictadura militar de 1976 se produce la expulsión de numerosas familias hacia el conurbano bonaerense. Durante el mundial de fútbol del 1978 incluso se levantó un gran muro en Ciudad Oculta -Capital Federal- para ocultar al exterior la situación precaria en la que vivían las familias. La erradicación de villas de emergencia, el código de planeamiento urbano de la Ciudad de Buenos Aires, la Ley de locaciones urbanas, al destrucción de viviendas para la construcción de autopistas, fueron las medidas impulsadas por el estado que dieron vía libre para la expulsión de miles de familias.


A mediados de 1990 la desocupación estaba ampliamente extendida como así también la necesidad de vivienda. En ese entonces, la toma de tierras más representativa fue en el barrio La Sarita de Quilmes donde después de una gran represión detuvieron al abogado, León Zimmerman,- recientemente fallecido- y a tres curas que apoyaban la toma. Gracias a la lucha y organización, hoy nos encontramos con el Barrio Agustín Ramírez que se encuentra a 700mts de la estación de Claypole y cuenta con escuela secundaria, jardín y Sociedad de Fomento.


Los problemas de vivienda son permanentes a lo largo del tiempo, cambian las distintas formas en que estos se manifiestan sin que los anteriores problemas hayan desaparecido. Esto habla de que las políticas de vivienda no dan una solución estructural. Los empresarios ejercen el gobierno se dedican a beneficiar a las grandes empresas, mientras los trabajadores seguimos en la misma situación. Sino luchamos no tenemos garantizados los derechos “supuestamente” constitucionales.


Hoy miles de familias no podemos pagar alquiler, menos construir y comprar, salimos nuevamente a la lucha, salimos lamentablemente sin coordinación, pero eso lo podemos remediar


Tierra para Vivir N° 3

EDITORIAL

Desde la última vez que “Tierra Para Vivir” salió a la calle, a fines de 2007, muchas cosas han pasado en relación a la problemática de la tierra y la vivienda. En el 2008 a nivel nacional el denominado conflicto del campo desequilibró el programa económico del gobierno, lo que no consiguió a través de las retenciones a la burguesía agraria y a los terratenientes, lo alcanzó por medio de tarifazos que afectan nuevamente a los trabajadores y a las capas oprimidas. Recientemente, con la estatización de las AFJP el gobierno intenta sortear el temporal inyectando el dinero de los jubilados en obras públicas en un año que fue electoral.

El ritmo de producción del sector de la construcción se ha estancado y se llegó al despido de 20 mil trabajadores. A su vez, el gobierno ha desviado los fondos destinados a planes de vivienda social al pago de Aerolíneas y del Plan Federal II, que ni siquiera cumple con la mínima proyección planificada.

La actual crisis internacional tuvo origen en la especulación financiera del mercado inmobiliario, en Europa y EEUU muchas personas corren peligro de ser desalojadas, mientras esas casas del primer mundo quedarán deshabitadas. El tema del hábitat está en la agenda de los diarios: movimientos de inquilinos desalojados y sin tierra salen a la palestra para luchar contra los mecanismos de expropiación que genera el sistema capitalista. Este proceso puede incrementarse al ritmo de la crisis mundial.

En nuestro país los desalojos son cada vez más violentos. En la ciudad de Buenos Aires el gobierno de Mauricio Macri se ha hecho sentir con el incremento de prácticas expulsivas e injustas. Un ejemplo de esas acciones fue la detención de 23 vecinos luego de que tomaran de un hotel en protesta por la suba de alquileres. Dicho aumento golpea también a las capas medias que firmaron nuevos contratos de alquileres que duplican los precios anteriores.

El último censo nacional indica que en Capital Federal el número de habitantes urbanos ha disminuido, mientras las llamadas villas miseria y “asentamientos” doblan su población. Esta situación es consecuencia de los mecanismos del libre mercado que el Estado ampara y no hace más que confirmar una tendencia expulsiva y excluyente de la ciudad. Y decían que: “Va estar bueno Buenos Aires”.

Desde diferentes sectores de la provincia ligados a la problemática de tierra y vivienda han denunciando la posibilidad de que caigan 200 expropiaciones por la falta de pago de las tierras fiscales por parte del gobierno de la provincia, lo que hace pender de un hilo a miles de familias. Hacia fin de año se consiguieron para postergar la agonia.

Es de destacar la notable cantidad de tomas que se desarrollaron entre julio y agosto. Una nueva oleada se produjo en el conurbano bonaerense en donde más de 3.500 familias salieron a la lucha por un lugar para vivir. Durante noviembre se realizó una toma de 3 mil familias en un predio en Lomas de Zamora de 110 hectáreas que se intentó desalojar con más de 2 mil uniformados. Sin embargo, un enfrentamiento con balas y piedras sumado a un piquete en la avenida Camino Negro frenó la medida. Es la toma más grande realizada en los últimos 20 años.

La política represiva del gobierno y en muchos casos la falta de organización de nuestros movimientos condujo en muchos casos a una frustración. La unidad de las tomas y la superación de los enfrentamientos sigue pendiente y urge.

Las tomas desorganizadas son presa fácil de la alianza entre el poder judicial, el mercado inmobiliario y los punteros políticos. Es por eso que buscamos aportar a una protesta unificada que supere las luchas aisladas. Apuntamos a una discusión que permita encontrarnos en una problemática común, elevando la reflexión acerca del contexto en el que se inscriben como un problema estructural e histórico, y en relación a las políticas adoptadas por los gobiernos de turno.

Las condiciones están a la vista, la situación económica obrera se sigue deteriorando, el salario no alcanza, los precios siguen subiendo y la posibilidad de vivienda propia y un hábitat digno parecen cada vez más lejanos.

Nuevas luchas vendrán de la mano de organizaciones populares de distinto signo. En la medida que podamos intercambiar nuestras experiencias  y converger, habrá más victorias. Esos triunfos serán una de las llaves que harán salir de la calle y del hacinamiento a miles de jóvenes y familias que mascullan en silencio su bronca. Muchos de los y las “sin techo” salen desesperadamente y sin plan cuando ven que un grupo toma tierras, desconociendo las dificultades y sin tener clara la necesidad de articular la lucha.

La tarea es conocer, discutir crítica y políticamente la situación para poder transformar la realidad. Es organizar y planificar, pero sobre todo es unificar. La victoria podrá ser cuando comprendamos que esa  necesidad es la base para confluir y fortalecer las distintas organizaciones, porque la forma dispersa sólo ha traído derrotas. Humildemente, estas notas intentan alertar, informar y aportar a la unidad.

Compañeras y compañeros de todo el país, nos encontramos en nuevas luchas. Festejamos y alentamos todos los aportes. Va aquí el nuestro, este nuevo número de Tierra Para Vivir.

Tierra para Vivir N° 4

EDITORIAL – RESISTIR LOS DESALOJOS

En el 2009 los sectores populares no encontramos una respuesta positiva a la problemática de la vivienda ni por parte del Estado ni del gobierno actual. Como contrapartida, se incrementaron los desalojos, se enjuició a los ocupantes y se apresó a familias por reclamar su derecho a una vivienda.

La Unidad de Control de Espacios Públicos (UCEP)*, una verdadera fuerza de choque parapolicial, mostró su rostro feroz en la Capital Federal. Su objetivo: expulsar a los pobres de la ciudad. Para desmantelar este aparato represivo, diferentes organizaciones sociales y políticas llevaron adelante medidas unificadas de protesta.

Las escuchas ilegales y la contratación de policías con antecedentes criminales por parte del gobierno de Mauricio Macri abrieron una brecha entre la opinión pública y su gobierno. Esta situación, sumada a la movilización de decenas de organizaciones populares, ayudó a desactivar a la UCEP. Sin embargo, hay denuncias de que aún sigue actuando. Del lado de las violencias institucionales, Mauricio Macri alcanzó un verdadero récord en intentos y desalojos a espacios culturales, comunitarios y casas de familia.

Los desalojos, expulsiones, aprietes y asesinatos sufridos por numerosas comunidades de pueblos originarios se extendieron a lo largo de todo el territorio nacional. En la comunidad diaguita de Chuschagasta, Javier Chocobar, fue asesinado por terratenientes en la provincia de Tucumán.

En diciembre se desalojó de su territorio a la comunidad mapuche Paichil Antriau, en Villa la Angostura, Neuquén, tirando abajo varias casas aún con gente adentro. La comunidad aún se encuentra militarizada, y sus habitantes son prisioneros en su propio territorio. Se ha desatado una verdadera cacería humana por el bosque, realizándose operativos armados constantes, detenciones sin orden judicial, vigilancia y hostigamiento policial y para-policial. Ya pasaron 507 años de la masacre perpetrada por al Estado español en América, y la impunidad continúa.

Queremos remarcar que las luchas de los pueblos originarios son contra las “órdenes de desalojo” que los jueces del Estado continúan emitiendo con un total desconocimiento de los derechos indígenas.

Pero aquí estamos, muchos compañeros en lucha y resistiendo día a día; por eso destacamos las pequeñas pero invalorables victorias del movimiento popular. Muestra de ellas, es el trabajo de los compañeros y compañeras de los “Sin Techo” de Mar del Plata que luego de dos años de marchas y organización resistieron dos desalojos, y hoy tienen su tierra para vivir y pautan las condiciones para auto-construir sus viviendas.

Además, nuevos barrios y experiencias de construcción de viviendas se han proyectado desde diferentes organizaciones como la Corriente Clasista Combativa (CCC), el Movimiento de Ocupantes e Inquilinos (MOI), el Frente de Organizaciones en Lucha (FOL) y el Frente Popular Darío Santillán (FPDS). Estos procesos son sumamente dificultosos para las organizaciones populares que tienen que combinar la lucha en las calles -para garantizar la llegada de los fondos- con la complejidad social que exige un proyecto de construcción del hábitat, que supera ampliamente los criterios capitalistas de obrero-patrón y arquitecto-albañil.

Ahí están también los compañeros que resisten en el campo y en el monte los embates del agronegocio, que busca despojarlos de la tierra que les da sustento. Ellos también se organizan para resistir, para vivir y producir en su territorio.

Por último, con la intensión de desafiar la formación y el enfoque de los profesionales e investigadores liberales que están alejados de los sectores populares en las luchas, diversas organizaciones, institutos, cátedras, y universitarios/as se encontraron en diversos puntos del país para discutir y replantear la mirada con la cual la Academia delimita la problemática a la técnico y a la extensión universitaria. Entendemos que, más allá de las conclusiones de cada una de estas jornadas, son parte del camino que nos permitirá unirnos y fortalecernos en un proceso de cambios que necesita impulsarse desde todos los ámbitos de la sociedad.

Entonces, no son pocas las pequeñas batallas que se dan día a día, en diferentes ámbitos y lugares, aunque con diferentes resultados, con mucha intensidad, esfuerzo, y apuesta a la organización colectiva. Nosotros continuamos con nuestro pequeño aporte, este periódico. ¡Nos vemos en la lucha!

*Unidad perteneciente al Gobierno de la Ciudad de Bs. As., creada bajo la gestión de Macri.